La palabra es un regalo. Un precioso don derramado en las entrañas de aquellos que aún tratan de apresar la verdad. Es un presente inesperado, inmerecido, a veces desconocido, oculto.

Una de las mayores satisfacciones del maestro es descubrir el poder, los dones, las capacidades que se encuentran dormidas en sus alumnos. Descubrirlas y re-conocer su valor, su potencial, el inmenso poder de lo inmerecido, de lo otorgado, del don.García Márquez pidió en el último congreso del ya anciano idioma español que escribamos, y que escribamos bien... para esos millones y millones de lectores ávidos por encontrar en las palabras algo más que promesas o esperanzas de consumo. Que escribamos bien, que mimemos las palabras, que pongamos en el cajón de los regalos el más preciado, el más frágil, el más etéreo, el don de (enseñar) la palabra.







domingo, 27 de febrero de 2011

Seguimos analizando verbos

Y sigo insistiendo en que tenéis que saber analizar y conjugar verbos.
Aquí te dejo la siguiente actividad que espero que realices.

El amor te vuelve rubia, Hortense Ulrich

  • Analiza las formas verbales subrayadas en el siguiente texto.
  • Define el significado las siguientes palabras: flipar,  fascinada, acaparar, cortés, indignada, aleccionar, lesionada, renegar, condolencia, alistarse, boya, descerebrado.

Martes, 17 de Octubre
¡Oh, Dios mío! ¡Oh, Dios mío! Es genial. De verdad. Es perfecto. Ideal. Es para flipar.
Estoy completamente colada por él.
Yo iba por la ciudad a paso ligero, porque mi madre me había mandado a comprar papel higiénico. Entonces, lo vi. ¡Era tan guay! ¡Qué monada! Jo, me quedé completamente idiotizada. Mi corazón tropezó y perdió el ritmo.
Un minuto más tarde yo también lo hice. Volé por encima de una correa de perro. No la había visto, porque estaba demasiado embobada mirando fijamente a ese tipo.
Debí de sonreír mientras caía e incluso debí de seguir sonriendo cuando ya estaba en el suelo, porque él me dijo:
-Sonríes como un ángel.
Entonces mi cara se iluminó aún más. Sentí mi rodilla algo húmeda, pero no le presté atención. Estaba demasiado fascinada por míster Maravilla.
Él sonrió amable y añadió:
-Un ángel caído- luego se agachó y me ayudó a ponerme nuevamente en pie.
Mi rodilla comenzó a dolerme. Pero yo seguía sin poder liberarme de sus ojos. Además, intentaba acaparar su mirada para que, sobre todo, no viera el papel higiénico. Hubiese sido un corte tremendo.
Fijó su mirada en mi pelo y dijo:
-En fin, si fueras rubia…
¿Eeh? ¿Qué quería decir con eso?
-¡Yo soy rubia!- me defendí.
Él sonrió cortés.
-Castaña ratón.
-¡Rubia ratón!- exclamé indignada.
¡Qué estaba diciendo! ¿Por qué rubia ratón?
-¡Rubia!- me corregí.
Ese derroche de encanto sonrió aún más encantador. Mi rodilla ardía como mil demonios. Algo húmedo corría lentamente por mi pierna hacia abajo. Con la pierna sana intenté esconder de una patada el papel higiénico tras de mí.
-Los ángeles son rubios platino- me aleccionó.
Por cierto, ¿qué es rubia platino?, ¿y a quién le interesa? ¡A mí! ¡Porque este tipo era superguapo  y porque era tan absolutamente guay…!
Él sonrió aún más amable y vio mi rodilla.
-¡Oh, estás herida! Estás sangrando.
-Qué va- dije yo con un tono algo forzado, porque mi rodilla ya estaba anunciado un dolor tan intenso que tenía que apretar los dientes para poder aguantarlo, pero pensé que era totalmente antiguay estar lesionada.
-Tengo que seguir. A lo mejor nos volvemos a ver en otra ocasión…-dijo él entonces.
-Yo vengo todos los días por aquí- tartamudeé.
Pero para mis adentros movía la cabeza desaprobando lo dicho. ¿Se puede saber qué tonterías estoy diciendo?
El Príncipe Azul levantó la mano para decirme adiós, y entonces descubrió el paquete de papel higiénico y dijo:
-Ah, y no te olvides de tu papel higiénico.
Tierra trágame, ¿y ahora qué?
Miré el megapaquete y me escuché decir:
-Esto no es mío.
Ahí estaba yo renegando del papel higiénico de mamá. Me sentí como Judas.
-Vale, entonces hasta mañana.
Me quedé un rato más mirando de soslayo cómo se alejaba. Después caminé como pude hasta una farmacia.
La dependienta vio mi rodilla, miró con condolencia y dijo:
-Seguro que quieres un vendaje, ¿verdad?
-No- le contesté-. Quiero un tinte para el pelo. Rubio platino, por favor.
Miércoles, 18 de Octubre
-Dios mío, Yoyo, cariño, ¿qué te ha pasado?- exclamó mi madre asustada esta mañana nada más verme.
-Has perdido una apuesta, ¿a que sí?- se burlaba mi hermana Flippi de ocho años.
-¡Pero bueno!, ¿vives en la luna o qué? El rubio platino es actualmente lo más in- las aleccioné.
-¿Y eso vuelve a salir?- quiso saber mi madre.
-¿Qué más quieres que salga? Si el color de pelo de Yoyo ya está fuera- expuso mi hermana Flippi como toda una profesional.
Luego miró a mi madre.
-si cuando yo cumpla trece años también me da por hacer estas tonterías, por favor, pégame un tiro.
Mi madre le hizo un gesto con la mano para desaprobar lo dicho.
-Filipine, ya vale. Seguro que Yoyo tenía una buena razón para cambiarse de color de pelo.
-Ya lo creo- asentí en un tono triunfal mirando agradecida a mi madre.
Flippi puso los ojos en blanco. Luego se golpeó con la palma de la mano en la frente.
-Ya está, ya sé por qué Yoyo tiene pinta de querer alistarse de boya luminosa en la guardia costera. Seguro que tiene que impresionar a algún descerebrado jovenzuelo. Espero que la adolescencia se le pase pronto.
Flippi siempre lo decía como si la adolescencia fuera una enfermedad.
Yo me puse colorada.
Mi madre me miró con picardía.
-El amor te vuelve rubia, ¿eh?
-No. ¡El amor te vuelve tonta!- sentenció Flippi.
Adaptación de El amor te vuelve rubia, Hortense Ultrich. Ed. Marjal.

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